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Las vacaciones de la Sanidad en Extremadura

Desde principio de Abril, se ha recibido en los Centros de Salud de Extremadura una carta dirigida a la dirección de estos centros, enviadas por sus superiores inmediatos que solo recogen órdenes de las altas esferas políticas de la Sanidad en Extremadura en las que se insta a los sanitarios que elijan si este verano quieren ser sustituidos o no, y en caso afirmativo si quieren que lo haga un sanitario con plaza o interino-sustituto, porque según dicen ellos es complicado encontrar a alguien en la bolsa de trabajo. Será porque no hay ni médicos ni enfermeros en paro en Extremadura y deseando trabajar, y será porque ellos no han eliminado cientos de plazas de sanitarios en Extremadura obligando a irse al paro a aquellos que las ocupaban.

Es decir, cada sanitario elegirá si quiere que le sustituya un compañero fijo ya con sueldo, cobrando un sobresueldo, o sea sustituido por un eventual cobrando un sueldo digno. Es decir, se pretende dividir y enfrentar a los sanitarios extremeños en dos bandos.

Lo que va a ocurrir es que por una razón u otra va a haber menos personal sanitario en los centros, menos aún que el verano pasado, porque un solo médico o enfermero (que por distintas razones decida no ser sustituido) va ha pasar la consulta de varios de sus compañeros.

Esto se va a traducir en colas más largas, listas de espera paralizadas y una atención pésima pese a la buena disposición de los trabajadores, ya que una persona no puede realizar el trabajo de dos o tres con una mínima calidad.

Así que si este verano vive en Extremadura, lo hace su familia o simplemente viene de vacaciones, rece a alguna virgen condecorada para que nunca ningún familiar se ponga enfermo.

Esta situación es un decisión política, por lo que no hay que pagarla con los sanitarios sino con el sistema, por lo que hay que realizar las reclamaciones pertinentes y necesarias. Si no nos quejamos esta situación irá a más, y la atención al paciente cada vez es mas deficiente, y los políticos acaban consiguiendo su objetivo: desprestigiar los suficiente la Sanidad Pública para que todos creamos que es necesario privatizarla.

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Al señor Ministro de Educación

Señor Ministro de Educación:

Soy un profesor de Secundaria de un centro público. Observo con estupefacción las medidas que está impulsando para “reformar” el sistema educativo. Quiero manifestar, como ya han hecho muchos profesionales de toda condición, mi rechazo más absoluto, mi repulsa y mi indignación cívica ya que tengo pocas formas democráticas de expresar mi opinión y mi blog, afortunadamente, es una de ellas.

No espero que lea esta carta, ni espero que tenga incomodidad alguna ya que debe estar curtido en estas lides, son unas cuantas ya las cartas que le han escrito y usted ni si quiera tiene a bien comparecer en el Parlamento o ante los medios de comunicación para responder en una rueda de prensa sin censura.

No espero que lea esta carta de Victor Cuevas pero si lo desea puede seguir aquí.

La Carta

Ella:

Tracé la línea divisoria entre tú y yo, y no me arrepiento. No podía seguir soportando el delirio de tus obsesiones, me asfixiaba con sólo mirarte, y tú sin darte cuenta… ni siquiera sospechabas cuán hondo era mi sufrimiento. ¿A caso te detuviste un solo instante a observarme? Llegaste a repugnarme, y sí, de eso sí me arrepiento, no debí dejar que llegara tan lejos. Decidiste no verme sino imaginarme, preferiste mentirme y engañarte, elegiste un camino peligroso por el que me empujaste a acompañarte. ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué? Sólo sabías hacer esta pregunta. Y era tan obvio… tan abrumadoramente evidente. Pero no puedo culparte de todo, no creas que soy tan injusta, yo tengo la culpa de haber estado ciega, yo tengo la culpa de haberte seguido, yo tengo la culpa de haberte apoyado, yo soy culpable de haberte querido.

Él:

Uf, por fin. Has hecho lo correcto. ¿Cómo que no puedes? Es muy fácil, ya sé que no hay remite, no aprendes nunca. Mira el sello, no es tan complicado, la localizarás en un momento. Pero si te lo está pidiendo estúpido, es lo que quiere, y después seremos libres. Con suerte sabrá lo que es ir a un hospital, con suerte podrá mirar a sus queridas amigas, ¿no ves que te lo está pidiendo? Ya, ya, tranquilo, después te sentirás mejor. Ya lo verás. Eres mejor que el resto, lo eres…

Estos dos parrafos son parte de dos post que Gloria ha publicado. El primero es una carta que una mujer envía a su maltratador. El segundo es la otra parte la de historía, cuando el maltratador lee la carta. Impresionante Glo.

Para ti, cabrón

Para ti, cabrón:

Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré:

Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

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